Me gustaría poder ir corriendo a dónde tú estés y besarte como si fuera el último día, como si no existiera nada después de nosotros dos, volver a ser solo uno de nuevo, querernos, morirnos de placer, mirar hacia el futuro cogidos de la mano. Pero mis lágrimas no entienden la complejidad de mi amigo el destino.
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